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PALABRA DEL MUNDO DESDE CUMANAYAGUA
Por Ian Rodríguez Pérez
Dijo un escritor francés las palabras son como pistolas, que si les aprietas el gatillo disparan; en oposición a la actitud de los fascistas alemanes, que disparaban a mansalva contra todo aquel que les oliera a intelectual progresista y comprometido.
Convocado por el XII Festival de Poesía, celebrado en La Habana del 28 de mayo al 2 de junio de este séptimo año del siglo XXI, tuvo lugar en nuestra localidad la velada “Palabra del Mundo”, en que se vieron involucradas 21 naciones y 64 ciudades en representación de todos los continentes del orbe, y 37 ciudades cubanas, la voz poética de esta Isla de poetas. A una misma hora, de manera simultánea, se alzó la voz de la poesía en voz de sus hacedores para reclamo a la justicia, la paz y el amor universales.
Hemos tenido la suerte los cumanayagüenses de estar contemplados dentro de esas 37 ciudades cubanas, y por consiguiente, dentro de ese noble Programa. Por ello, el Departamento de Literatura de la Casa de Cultura “Habarimao”, y creadores miembros de la UNEAC, convocaron a un encuentro intergeneracional con los poetas de la localidad. El público asistente no podía ser mejor: jóvenes y adolescentes con sus uniformes de escolares, integrantes en su totalidad del movimiento de talleres literarios de base, llenaron casi completamente la sala de video de la Casa de Cultura.
Ana Aimeé representó la más reciente hornada con la lectura de su poema “Vida diminuta”; Yannit Pozo, con poesía vigorosa e inquieta, leyó sus poemas en representación de los jóvenes creadores de la Asociación “Hermanos Saíz”; como ave de paso entre él y los inveterados fundadores del primer taller literario de la localidad, Ian Rodríguez leyó su poema “La lluvia”; cerraron este homenaje poético dos pilares de la poética enraizada en este Valle Entrerriano desde los años 70: Pepe Sánchez y Orlando V. Pérez Cabrera.
El XII Festival, dedicado este año a la poesía de África y de las Islas del Caribe, se centrará el año próximo en la poesía de Asia y los pueblos originarios.
POEMAS LEÍDOS DURANTE LA VELADA
VIDA DIMINUTA
Soy la gota de rocío
que se desliza por tu ventana al amanecer.
Si me miras, caigo sobre la hierba,
el sol calienta mi cuerpo y me eleva,
me abrazan las alas de la noche
hasta convertirme en estrella.
Entonces, desde la infinidad te miro,
mis pupilas se clavan en tu rostro
como deseo inalcanzable
para en la mañana siguiente,
y en el cristal de tu cuarto,
retomar la triste vida de siempre,
esa que, como jardín sin flores,
cubre la oscuridad de tu indiferencia.
Ana Aymeé Sosa Milián
LLUVIA INSEGURA
vivir de pura lágrima de pura lástima
vivir en los contornos de una ciudad
donde una lluvia indecisa
se rompe contra las ruinas de mi entusiasmo
vivir de pura fatiga de pura falacia
al centro vacío de una casa sin espejos
sin buzón
sin platos ni plétoras
una casa con puertas misteriosas
donde sólo tu presencia no está presente
vivir de puro miedo de puras miradas
como esas flores que aparecen intactas en la calle
y que después vemos desaparecer
abrazadas a los neumáticos del olvido
vivir de pura angustia de pura ansiedad
de pura nada y de pura nausea
de puro nadar en tu ausencia
de puro nacer en tus senos
de pacer en tu pubis
de parir el universo con tu boca
de volar en tus venas
de sentirme en tu sangre
de sentarme en tus sueños
de sembrarme en tu abdomen y en tu espalda
de saberme tu antojo
de antojarme de serte
de suplicarte mi lengua
de quejarme en tus labios
de quedarme en tus lágrimas y en tu lástima
en tu fatiga y tu falacia
en tu miedo y tu mirada
en tu angustia y tu ansiedad
en tu vivir que es el mío
en tu vivir de puro morarte de puro morirte
como esas flores
que el olvido devora
bajo una lluvia indecisa
Yannit Pozo Castillo
LA LLUVIA
La lluvia es una muchacha que de vez en cuando me visita. Entra cual perro por su casa y me invita a secar su cabello. Yo lo hago ensimismado con esas gotas enormes en el pecho de la lluvia. Después de secarse en mis brazos, celebra esas rendijas, minúsculas grietas de mi casa por las que ha conseguido una y otra vez escurrirse para ser mi lluvia.
Hoy la lluvia trae un olor de ciudades lejanas, casi no alcanzo a reconocerla. Si no llega a ser por esas pupilas suyas de primavera; si no llega a ser porque a veces la lluvia se comporta de manera arisca y recela, conjetura mis palabras, yo juraría que era otra y no mi lluvia, la de mi balcón cotidiano, desde donde la contemplo cuando se avecina. La lluvia de mis ahogos, la que por su voluntad hace que yo sepa distinguir en su interior los peces que roba al mar y a las peceras. (La más tempestiva y bochornosa de todas las lluvias que haya podido conocer).
Hoy, después de secarse sin solicitar mi colaboración, pude percibir de qué modo se extraviaban en sus ojos dos presumibles cervatillos, o dos escurridizas palomas. Yo nunca había visto en su mirada tanta ternura, pero comprendí, me percaté de qué significaba ése extraño olor de ciudad podrida con que había llegado mi lluvia.
Entonces su respiración se me antojó vulgar, y le di una bofetada a la lluvia, para que se fuera a mojar gustosamente a ése que debe haber conocido, y que como yo, jamás la perdonará, si regresa.
Ian Rodríguez Pérez
CUANDO UN HOMBRE DESCUBRE QUE ES MORTAL
No leas estas palabras,
no bebas su agrio cantar:
es un vino del lagar
maldito que a solas labras.
No muevas la lumbre, no abras
el ansia, la sed rotunda
que alzan como furibunda
huella en los sueños del hombre.
Que tu mesa no las nombre
ni su crujir en ti se hunda.
Deja que tus dedos hoy
besen la canción del día;
no escuches esta sombría
memoria del ser que soy
sin saber ni a dónde voy.
Mejor parte los ciruelos
de tu voz, sus claros vuelos,
en un trino más propicio;
busca el sol en otro quicio,
otra puerta a tus desvelos.
Estas palabras sencillas
como la misión del viento,
que nada saben del lento
precipicio de las sillas,
buscan siempre otras orillas.
Otro mar, otro misterio;
nuestra luz, aquel salterio
del alma que más amamos,
un sentir donde olvidamos
nuestro postrer cautiverio.
No leas esta pedrada
manuscrita y silenciosa
donde el poeta reposa,
estas notas a la nada.
No saltes la barricada
de la sangre y el trigal
triste de mi voz raigal.
Mira que apenas escucho
el mismo augurio, que es mucho
el vivir, y soy mortal.
MIENTRAS TANTO
El día está mirando cómo invento
mi rostro de la nada y el cristal
sucio del tiempo, cuando es más fatal
quedarse que salir en mal momento.
Nos llaman a inventar el reglamento,
la luz de convivir menos mortal;
pero vamos perdiendo lo vital
del árbol nuestro, casa y fundamento.
Dejar atrás la ronda que padeces
tiene un rumor de cartas oportunas,
un portal casi ausente, donde a veces
canta el ayer que sigue componiendo
la elegía de tus mejores lunas.
Y mientras tanto, uno va viviendo.
Pepe Sánchez
HASTA QUE TRIUNFE LA LUZ SOBRE LAS RUINAS
Hermano, la luz un día se verá;
en la dimensión atemporal del Universo
se hará la luz, para que tú y yo volvamos a ser dos niños abrazados.
Sobre la hierba,
el sol va a herir las alas temblorosas
para que resuene el correteo dentro de la casa:
parada en la dulzura, sorberemos la sonrisa de la madre.
En la infinitud del tiempo, tus átomos volverán a reunirse alguna vez;
volverán nuestros padres a acostarse sin miedo sobre la hierba en el rocío
a fecundar un óvulo semejante al que en la frente llevabas dibujado.
En cualquier otro planeta en el comienzo o el fin de las edades,
en el parto del día con la noche otra vez se hará la luz.
El patio será un enorme carrusel presidido por todos los demonios que habitaste,
por cada bruja sin escoba
chillando en cada recoveco del viejo caserón,
con todos los juguetes que inventaba la pobreza.
En tanto has de estarte donde estás,
alimentando los jardines,
haciendo que le crezcan de nuevo los tarros al chivo Carinoa,
siendo pasto bueno a las benditas ranas.
He de verte lleno de fango o fuego a mi regreso de la escuela.
No temas a la oscuridad,
a este simple tránsito no temas
hasta que triunfe la luz sobre las ruinas.
Orlando V. Pérez Cabrera
Ian Rodríguez Pérez (Las Tunas, 1973). Poeta y narrador. Miembro de la UNEAC y de la AHS. Ha publicado los poemarios Velas en torno al corazón demente (1997), Agudos del silencio (2000), Cambiar las formas del sueño (2003) y Nocturnidades (Premio “Calendario”, 2005). Textos suyos aparecen en varias antologías y publicaciones periódicas. Trabaja como profesor-instructor de literatura en Cumanayagua.
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